La semana se le está pasando muy lentamente a Gisela. Sólo se atreve a confesar su secreto a Daniela que por cierto vive en la calle en la que se pone el mercado. Gisela pasea todos los días por el lugar en el que está la parada del guapo Manolo Se estremece pensando en él. Daniela está a su lado.
--estás loca.
Gisela se siente como una adolescente.
--¿y dónde está todos tus miedos?
--no lo sé... pero es que si lo vieras... Manolo es el hombre más guapo del mundo y tan especial... ¡¡es que nunca me sentí así¡¡
–ni siquiera sabes si se llama Manolo. Puede ser el nombre del padre, el abuelo pero seguro que no el suyo. ?Y es que no te puedes enamorar de alguien de tu edad...?
--Siempre te quejabas que estoy con viejos y ahora ¿que es muy joven? Además más o menos es de mi edad...
--Tú me dijiste de 20 años... ¡por favor...¡ los hombres a su edad son inmaduros... no es lo que necesitas...
--¡¡pero es que lo quiero a él¡¡
--¿y entonces?
Gisela se desilusiona un poco:
--tienes razón... soy una tonta... me conformaré de verlo de lejos...
--no tienes remedio...
Aunque se le hace eterno, por fin llega el sábado. Gisela se levanta bien temprano ya que se quiere poner bien guapa para él. Cuando sale al comedor sus hijos la miran sorprendidos:
--¿donde vas tan guapa, mamá? --pregunta Mateo.
Los dos hermanos están convencidos que su mamá va a una cita con un hombre. A Mateo le alegra por su mamá pero no a Raúl.
--¿¿quién es él?? --dice con algo de reproche.
Mateo le da un golpe a su hermano regañándolo. Gisela se siente descubierta por sus hijos:
--no, si yo es que... --dice nerviosa.
Don Germán los interrumpe:
--¡¡los niños tienen razón...¡¡¿donde vas??¡
--voy al mercado, papá...
A Mateo le duele que su abuelo trata mal a su madre pero no se atreve a decir nada. Tampoco cree en las palabras de su madre. Don Germán zarandea a su hija:
--¡¡a mi no me vas a tomar el pelo... no voy a aceptar otra barriga¡¡
Gisela mira a sus hijos con ojos llorosos. Triste, Mateo se va a su habitación y le pide a Raúl que vaya con él. Mateo se tumba en su cama. Está furioso:
--¡¡un día de estos me voy a cansar y le voy a decir al abuelo lo que se merece¡¡
--si él trata mal a mamá... no será porque... ¿porque dijo lo de la barriga?¿es que mamá...?
El menor de los hermanos habla con reproche pero no se atreve a acabar la frase y Mateo se levanta y molesto dice:
--¡¡ni se te ocurra ofender a mamá¡¡
Por su lado, Gisela trata de convencer a su padre que no va a una cita.
--¡¡Papá, que voy al mercado¡¡
--¡¡Así...?¡¡ ¡¡¡así sólo se va a buscar un macho y tú lo tienes prohibido¡¡
--¡¡papá, por favor... los niños te van a oír¡¡¡Nunca salgo pues no tiene nada de malo que me arregle un poco¡¡
Germán agarra un trapo y le saca el maquillaje a su hija:
--¡¡lávate la cara y te vas y no tardes más de media hora¡¡
Gisela se encierra en el baño. Llora. Se lava la cara. Pensar en Manolo la hace sentir bien. Cuando ella sale, Mateo se asoma a la puerta de su habitación con cierto miedo:
--¿estás bien?
Gisela da un beso a su hijo y le dice:
--si, no te preocupes...
Gisela sale con su carro. El padre está tumbado en el sofá y le advierte:
--¡¡estoy contando el tiempo¡¡
A pesar del mal rato, Gisela va corriendo al mercado, va directa a esa parada. Más que nunca desea verlo. Se le ilumina la cara al verlo. El guapísimo chico está muy sucio, está manchado de harina. Ella lo ve vulgar pero que es muy guapo es muy guapo y ella sonríe feliz. Es el momento más esperado de toda la semana.
--mi macizorro --susurra mientras se acerca.
Va sin afeitar y se da cuenta que lleva pendientes, un aro en cada oreja. Lo ve y suspira. La parada está dividida en dos lados, su madre con las frutas más caras y él con las naranjas y mandarinas que es lo más barato. En el lado de la madre no hay nadie y en el lado de él está lleno de gente. Ella está decidida a comprar todo lo que necesita en esa parada aunque sea más caro. Se acerca primero al lado en el que está la señora y agarra todo lo que le hace falta. No deja de mirar al guapo chico mientras trabaja. Luego se espera en el lado de él detrás de la gente temiendo que la señora se acerque a atenderla estropeando así el momento que Gisela tanto ansia. El guapísimo Manolo ofrece melones a dos señoras.
--son buenísimos... --les dice.
Las señoras no le compran porque son demasiado caros. Gisela está muy atenta a todos los movimientos del guapísimo frutero. Lo escucha hablar y mucho y no le gusta. Le parece bastorro. La anterior semana le pareció más fino.
--debió ser porque me habló en catalán y no me gusta hablando en español --piensa mientras lo admira.
--dime --le dice él.
Por fin le toca a ella. Está muy nerviosa. La anterior semana no habló, sólo le dio las bolsas. Desea que él le hable en catalán y cómo no sabe qué hacer le pide un melón a pesar que son muy caros y no tenía pensado comprar uno. Manolo se mira mucho los melones, busca, toca y elige uno:
--este te saldrá bien --le dice hablando en catalán como ella quería.
Mirando el montón de bolsas de la chica le pregunta:
–¿todo esto?
Ella hace que si con la cabeza. Cada vez que pesa una bolsa dice lo que es.
--ya lo puedes ir metiendo (en el carro) si quieres --le dice él mientras va dejando las bolsas en el tablero.
Ella está feliz, seducida. Le da un billete y sus manos no se tocan. Ella está muy avergonzada y no se atreve a provocar el toque. Él le da una moneda de cambio y entonces sí se tocan las manos. Gisela se estremece.
--te pongo esto aquí --dice el guapísimo chico mientras mete el tiquet en una de las bolsas pequeñas. Luego agarra todas las bolsitas que han quedado en el mostrador y las mete en una de más grande con el nombre de la frutería: Frutas Manolo.
--gracias --le dice él.
Ella se va encantada. Lo va mirando de reojo. LLega a casa de prisa. Su padre se sorprende.
--si, tenías razón --dice sorprendido ya que creía que su hija iba a una cita.
--¿me has traído mandarinas del mismo sitio de la semana pasada? Mira que eran de lo mejor que me he comido.
--si, papá --dice ella sonriendo con complicidad.
Se retira a la cocina. Está ansiosa de mirar el tiquet por si pone el nombre de él pero no es así. El tiquet y la bolsa con el nombre de la frutería se la guardará de recuerdo. Cuando ya acaba su faena, Gisela se tumba en su cama abrazada a esa bolsa y pensando en Manolo. Está feliz porque podrá seguir disfrutando de él semana a semana. Sonríe enamorada:
--cuento las horas que faltan para volver a verte, mi macizorro...
Cansado del trabajo, el guapo Manolo se da una buena ducha. El vecino, Nemesio, va a casa de él. Manuela, la madre de Manolo, lo hace pasar. Es como de la familia. Nemesio espera a Manolo en la habitación. el guapo frutero llega envuelto en una toalla que se saca en la habitación y mientras busca ropa cómoda los dos amigos hablan.
--¿salimos esta tarde? --Nemesio.
--ya sabes que no puedo...Ya sabes que salgo con Marta.
--tú sí que tienes suerte, yo ni me acuerdo de la última vez que eché un polvo y tú desde los 15 años lo echas siempre que quieres.
--Marta no es solo un polvo, es la mujer de mi vida. Mi cuerpo ya no se podría acostumbrar a otra mujer.
--eso hasta que una tía buena se te ponga a tiro.
--No, yo quiero mucho a Marta.
--y si no sales solo... tampoco podrías conocer a otra para ver si estás equivocado o no... A mi no me apetece eso de estar ligado a una tía pero almenos no me faltaría el sexo...
--venga, no te desesperes. Y verás como pronto encuentras una mujer bonita que te vuelve loco...
--eso espero porque me siento ya un viejo...
Los dos amigos siguen hablando en confianza mucho rato.










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