Gisela está fascinada por Manolo, no puede dejar de pensar en él. Busca en la guía por si sale alguna frutería que se llame Frutas Manolo.
--¡¡tengo que encontrarlo, tengo que ver a mi macizorro del mercado antes del sábado¡¡ --dice ansiosa.
Ve una que se llama Manolo y Pepita.
--podría ser.
Ya no está muy convencida aunque desea con todas las fuerzas que sí sea. Toma nota de la dirección y mientras va a hacer la compra y aunque no le pilla de camino va a esa frutería. Entra a comprar pero no ve ninguna cara conocida, nada que le haga ver que es esa frutería la que busca. Sale decepcionada:
--era lo más lógico. La frutería de mi macizorro se tiene que llamar frutas Manolo. Pero la voy a encontrar, tarde lo que tarde voy a dar con ella. Recorreré toda la ciudad si es preciso pero que la encuentro la encuentro.
Entra en razón y se desanima, se da cuenta que será como buscar la aguja en el pajar:
--espero tener suerte, espero que por una vez la suerte se ponga de mi lado. Sería genial poder verlo siempre, a diario, cuando yo quiera... y no sólo los sábados...
Y por fin llega el sábado, Gisela no se arregla para evitar problemas con su padre. Llega emocionada y va directa a la pared del guapo frutero. Lleva jeans negros y un jersey de lana viejo, está de lado y marca un buen paquete. Sensaciones que ella ya creía desaparecidas se están apoderando del alma y de la voluntad de la mujer. Lo que ve le parece una bellísima imagen digna de ser inmortalizada, vaya que es una buena manera de entrar en calor ya directamente. Se le acerca suspirando, lleva más barba que la semana anterior:
--¡¡es guapísimo y está buenísimo¡¡ --susurra emocionada cuando ya lo tiene cerca.
Ese morenazo la tiene cada vez más fascinada, enloquecida. Y es que el chico tiene un cuerpazo que quita el aliento, una belleza que embriaga. Ella no se pierde detalle del cuerpo de él ni de sus movimientos:
--¡¡que bella estampa¡¡ --piensa emborrachándose de la belleza del chico.
Gisela toma todo lo que necesita, que en su mayoría está del otro lado, y se acerca al lado en el que está él. Agarra naranjas y se espera. La poca gente que hay en la parada está ahí. Manolo no para de trabajar y en cambio la madre no hace nada. No tiene melones y ella piensa en qué le puede pedir a su chico para que se entretenga más a su lado.
--dame una piña bien buena --le dice todo y que ha visto piñas 5 veces más baratas en otras paradas.
Se calla lo de guapo que se ahoga en su garganta.
--todas son muy buenas --le dice él tomando una.
--buenas como tú que sí que estás buenorro --piensa ella.
él le pesa toda la fruta y después de la última bolsa mueve los brazos haciendo un gesto de preguntarle si ya estaba todo. Ella le ha comprado de todo para impresionarlo pero después se arrepiente ya que piensa que es libre de volver a la parada varias veces, que no tiene porqué comprarlo todo de una vez. Le da rabia pensar que ha perdido otra oportunidad de ir así que vuelve. Toma otro tipo de naranjas. Ella está muy excitada, lo desea así que sin vergüenza le pasa el dinero mientras sonríe coqueta y le acaricia la mano. Él se pone nervioso ya que no está acostumbrado a las coqueterías de una chica, hace cómo si no se diera cuenta de nada. Cuando ya se va y aunque ya lo tenía todos, Gisela da muchas vueltas.
-ventajas de no haberme arreglado, papá no me va a reclamar si me tardo.
Gisela recorre el mercado sin tener nada que comprar una y otra vez para pasar en esa parada en la que tanto le gusta comprar. Lo ve mientras coloca bien las cajas de las naranjas y se deleita con sus movimientos que hacen resaltar el esbelto trasero del chico. También se agacha y ella se pone como loca al ver en pompa las bonitas posaderas del frutero de sus sueños.
--¡¡que maravilla¡¡ --dice con la vista clavada en ese punto de la anatomía de él.
Manolo siente las miradas de ella, insistentes miradas que lo incomodan porque le hacen sentir extraño. Se gira y la mira. Ella se ruboriza y se va a casa de su amiga Daniela. Le habla de Manolo.
--es que te oigo hablar y no te reconozco... ¿¿¡que te pasó?? hace unos días eras una escéptica del amor y ahora te comportas como una adolescente...
Gisela está muy ilusionada:
--¡¡el amor llegó de nuevo y con fuerza... me siento tan extraña¡¡¡es todo tan bonito, tan mágico... lo siento como si fuera la primera vez¡¡¡¡de veras es que me siento como si tuviera 15 años y me enamorara por primera vez... ¡¡¡debo estar loca a mi edad¡¡
--¡¡no¡¡¡es lindo sentirlo así¡¡¡mejor sentirse una adolescente que una vieja como te sentías antes...
--es que no puedo dormir, sólo pienso en él y sólo como lo que compro en su parada porque me imagino a él dándomela...
Las dos amigas hablan divertidas:
--¡¡lo que daría por saber donde está su frutería¡¡
--tranquila, la encontraremos...
--¡¡es que es un sueño de hombre¡¡¡necesito de él, de su belleza... Tengo su rostro clavado en mi mente y cierro los ojos y es como si mirara su foto... eso me ayuda a pasar la semana...
--te escucho y me dejas perpleja, no pareces tú...
--si almenos tuviera una foto suya... así no lo echaria de menos... así no tendría que imaginarlo...
--¡¡ay chica... si con eso te conformas...¡
Daniela agarra su cámara de fotos y dice:
--vamos...
--¿¿cómo?
--es que de repente me han entrado unas ganas locas de tener una foto tuya...
--¿¿y si se entera??
--¡¡¡que se va a enterar??¡¡y si se entera se debe sentir alagado...¡¡
Las dos amigas ríen con complicidad, se van corriendo.
Para no ser tan descaradas, se hacen fotos la una a la otra en todo los alrededores del mercado. Luego sí, ya delante de la parada de Manolo y ahí Daniela los toma a los dos y luego sólo a él... Gisela lo mira de reojo y se va muy contenta.
Gisela llega a su casa, su padre ya la espera.
--¿¿porque has tardado tanto?? --le dice muy regañón.
--es que había ofertas en muchas paradas --dice ella disimulando.
-- bueno, así me gusta que seas una buena ama de casa y sepas ahorrar. No hay que comprarlo todo a la primera, hay que mirar donde haya el mejor precio.
--¡¡sí claro, padre. No se preocupe que yo miro y miro mucho¡¡
Don Germán se tumba en el sofá, no se da cuenta la sonrisita de enamorada de su hija. Mateo sí se da cuenta y sonríe contento al ver a su madre feliz.
--preparame un zumo de naranja --le dice don germán a su hija mientras ésta lleva el carro a la cocina.
Luego, sin dejar de sonreír ilusionada pensando en Manolo, prepara un zumo con sus naranjas. Mateo entra en la cocina y la mira intensamente. Gisela se siente descubierta y se pone nerviosa.
--a ti te pasa algo... --dice Mateo a su madre.
--¿¿algo de que? --dice ella visiblemente nerviosa y tratando de disimular.
--no sé... te noto raro... algo en la mirada...
Gisela se ruboriza:
--son manías tuyas...
La reacción de su madre lo hace sospechar:
--entonces es verdad... tienes un novio...
Gisela cierra la puerta:
--¡¡no digas eso... a tu abuelo le da algo¡¡
--¿porque dejas que te trate así...?
--tu abuelo tiene el carácter dificil pero es buena persona y es mi padre... además esta es su casa y no tenemos otro sitio donde ir...
--cuando yo sea mayor yo te compraré una casa y vivirás como una reina --dice el adolescente mientras come uno de los trozos de naranja que está partiendo su madre. Gisela, cuchillo en mano, da un beso a su hijo:
--eres un dulce, mi amor.
Mateo sonríe y le dice con complicidad:
--¿¿y me lo vas a contar?¿tienes un novio?
Gisela sonríe enamorada:
--no.
--¿pero te gusta alguien?
Muy nerviosa, Gisela dice:
--¿¡¡a qué viene tanta pregunta¡?
--a nada, a que estás muy sola y eres muy bonita... a mi sí me gustaría verte feliz...
--yo soy feliz... mis dos hijos me hacéis feliz...
--pero eso es distinto...
Gisela mira a su hijo ilusionada:
--¿te parezco bonita?
--¡¡claro que sí¡¡ --dice él contento.
Gisela no dice nada y, mientras, exprime las naranjas.
--¿¿y de veras no hay nadie en tu vida? a mi me lo puedes contar
Gisela mira a su hijo con emoción pero no se atreve a contarle su secreto y con el vaso de zumo en la mano le dice:
--venga, venga que tu abuelo espera el zumo...
A media tarde, Manolo y Nemesio han quedado en un bar.
--que milagro que hayas querido quedar conmigo... ¿y Marta?
--hemos quedado en media hora... Sabes... hay una chica en el mercado que me mira raro... Yo creo que se me está insinuando...
Aunque Manolo no lo quiere reconocer es algo que lo halaga.
--¡¡hombre, por fin, te fijas en otra mujer¡¡
--¡¡no, no... yo ni pendiente¡¡ --dice Manola nervioso.
--si me lo has contado es porque te inquieta...
--¡¡lo que pasa es que me molesta¡¡
--eso no te lo crees ni tú...
--me pone nervioso...
--Lo que pasa es que tú no has vivido sexualmente libre, Marta se te regaló en seguida y se te da siempre que quieras...
--no te pases... ella se me entregó por amor...
--la cosa es que te deja agotado para estar con otra... pero ya veremos si cuando una tía buena te quiere seducir estás tan enamorado... el hombre es infiel por naturaleza... tus hormonas no te dejarán decir que no...
--yo, quiero a Marta --dice sin poder dejar de pensar en la forma en la que lo mira Gisela...
--pues yo estoy seguro que si esa mujer si quiere acostar contigo tú no le vas a poder decir que no...
--yo no soy así...
--¿¿y estás buena?
--buf... sí...
--pues serías tonto si no la aprovecharas...
--ella se ve muy dulce, no es una cualquiera que se va a regalar a un hombre así como así...
--entonces si te quieres acostar con ella...
--¡¡no, no... lo que pasa es que...¡¡¡eres tú el que me la quieres meter en mi cama¡¡¡ ¡¡yo no la voy a enamorar y sólo si fuera una cualquiera se me metería en la cama sin conocer y yo no voy a dejar que me conozca¡¡
--¡¡a ti te gusta esa muchacha¡¡
--¡no, mentira¡¡ --dice él con un brillo especial en los ojos.












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