Gisela, como cada sábado, se prepara para ir al mercado pero esa mañana hay algo especial en ella. Se mira al espejo. Se ha comprado un maquillaje que usa ese día.
--mamá, que bonita --le dice Leandro que jamás vio a su madre maquillada.
Mateo la mira con complicidad. Le da un beso en la mejilla:
--hacía 10 años que no veía esa mirada en ti, pero que el abuelo no se entere.
Gisela se ruboriza:
--no, pero si yo...
Mateo no la deja seguir y le susurra al oído:
--no tengas miedo, me alegro que te hayas abierto al amor. Estoy seguro que será un buen hombre.
Gisela finge una sonrisa. Se siente culpable:
--Dios mío --dice para sí-- si supiera que he pasado toda la semana deseando ver a un chico mucho menor que él.
Pero a pesar que no deja de decirse que no puede ser, ni puedo ni quiere frenar el fuego que siente. Es un volver a la adolescencia. Gisela se va muy emocionada. Los dos hermanos se la quedan mirando muy contento.
--¿verdad que se veía muy bonita mamá?
Mateo le acaricia la cabeza con cariño. Gisela siente que el corazón se le va a salir del pecho. Va hacia la parada de Juanma, que de hecho está casi en frente de donde estuvo de Manolo pero parece que el moreno es ya un recuerdo olvidado. Gisela se siente muy contenta al tener de nuevo a Juanma frente a ella.
--¡que guapo es¡ --suspira para sí.
Va llenando bolsas hasta que se asegura que la atiende él.
--¿voy pesando ya? --le pregunta.
Ella hace que sí con la cabeza seducida por ese joven tan guapo.
Él le pesa las alcachofas:
--llevátelas todas, no me vas a dejar solo estas... ya te lo arreglaré.
Gisela va a media mañana para economizar aunque con Juanma poco economiza. Las alcachofas que quedan son unas cuentas pero a Gisela le importa demasiado quedar bien con él.
--si claro.
--son 2,85 y te lo dijo en 2,50 --le dice esperando que ella lo acepta.
Y claro la fascinada mujer sólo tiene una respuesta posible: si!
--ahora lo ponemos todo en una bolsa, esta ya no va a durar --dice señalando la bolsa.
Ella, muy emocionada por tenerlo cerca, lo ayuda a meter la bolsa rota en la bolsa nueva.
Agarra otra bolsa:
--esto también llevátelos todos, no me dejes solo estos, también te lo arreglaré.
Y Gisela va diciendo que sí.
--¿y los 2 kiwi también?... ¿y no te los llevarías todos?
Hay como un par de kilos y el precio no es nada económico y aunque con pena hace que no con la cabeza.
--eso ya no --dice él sonriendo.
Y esa sonrisa la enloquece y ya no puede resistirse:
--bueno si.
Y él vuelve a sonreír y ella está encantada. Luego le pesa unos calabacines
--te pongo un calabacín para los 2 kilos?
Como siempre dice que sí. Luego Juanma pesa las judías:
--¿te pongo 2 kilos un euro no?
--si, sí... me he quedado corta --dice ella muy nerviosa.
Juanma se las pone y ya por hoy, aunque Gisela quisiera que el día no acabara, cierra la compra.
--16 euros 22, 16 euros --dice él.
Ella le paga feliz de sentir el tacto de él:
--¡pues muchas gracias¡¡ --dice él.
Y ella se siente en las nubes. Gisela se va directa a casa de su amiga Daniela y es que necesita hablar con ella.
Daniela ha recibido una sorpresa.
--¿tú? no te esperaba...
Daniela ha recibido una sorpresa.
--¿tú? no te esperaba...
--Creí que siempre soy bien recibido. Nunca me has dicho no. Ni estando casada.
--claro Mateo pero es que...
Mateo la interrumpe para darle un beso.
--Raúl iba a salir con su novia pero finalmente se han quedado los dos en casa con Leandro y así que yo tenía ganas de verte.
Daniela está molesta:
--¿Tu hermano tiene novia?
--si, bueno... desde hace poco.
Daniela se gira para que Mateo no note que está molesta:
--claro y aún no se debe acostar con ella --susurra.
--¿decías? --él sorprendido.
--No nada, que me estoy casando que solo me busques cuando tengas ganas de desahogarte.
Mateo la agarra por la cintura:
--venga, yo sé que a ti te gusta que te haga el amor. Los dos disfrutamos mucho del sexo... a ti te encarga mi juventud y a mi tu experiencia.
--si pero es que ...--dice ella algo frustrada.
--¿el que?
--no nada... olvidalo.
Él pone cara de bueno:
--si te molesto me voy...
Daniela le empieza a desabrochar la camisa:
--tú nunca molestas --dice ella mientras le lame los pezones.
Mientras en Grecia, Manolo está tumbado en la cama. Mira unos patucos. Los esconde cuando ve entrar alguien. Es su madre.
--no hace falta que los esconda. --dice ella que se siente muy culpable.
Manolo se seca las lágrimas. Le muestra esos patucos:
--¿los recuerdas?
Manuela se sienta a su lado. le acaricia el pelo:
--me duele tanto tu amargura hijo
Con el rostro lloroso Manolo le dice:
--dicen que cada uno tenemos lo que merecemos y esto es lo que yo merezco. Gisela me hizo creer que esperaba un hijo y luego cuando de verdad iba a tener un hijo, Marta lo pierde.
--tal vez deberías haberla dejado.
--¡¡no mamá¡¡Marta no ha superado la perdida de nuestro hijo, no la puedo dejar¡¡
--¿y entonces?¿vas a seguir atado toda la vida a esa mujer?
–¿A ti te pasa algo con ella?¡ La querías como a una hija y es que de un tiempo a esta parte me da la impresión que no os soportáis
Manuela trata de disimular:
--no estamos hablando de mi... ¿qué es lo que piensas hacer con tu vida?
Manolo sonríe con amargura. Por su mente pasan momentos de amor y pasión vividos con Gisela.
--a veces pienso que me gustaría regresar.
Esto no le gusta nada a Manuela, no desea enfrentarse a su pasado.
--¡¡no¡¡no¡¡¿para qué quieres regresar¡??
--¿¿que es lo que te pasa? ¿es que porque tienes miedo?¿es por algo que pasó con papá y no me han querido contar? Tú no quieres volver, él no quiere venir. Hace años que apenas sé de mi padre. No sé qué hace.
Manuela está muy nerviosa:
--así es mejor.
Y se va nerviosa para no dar tiempo a su hijo a decir nada. Manolo se queda pensando en Gisela:
--¿porqué pienso en ti? tú qué me habrás olvidado en brazos de mil hombres...
Rabia y celos es lo que siento el guapo exfrutero cada vez que piensa en Gisela.
Y mientras Gisela muy nerviosa y excitada y fascinada por su joven frutero llama con ansiedad a casa de Daniela. Insiste porque nadie le contesta. No imagina que su amiga está haciendo furiosamente el amor con su hijo Mateo. Los dos se revuelcan como bestias en celo el uno en brazos del otro.
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