Gisela está muy ansiosa, es un sábado más. Su rostro se ve diferente. Está ilusionada, se está preparando para ir al mercado. La mujer siente que de nuevo ha entrado en la adolescencia. La mujer siente deseo de arreglarse pero tiene miedo que sus hijos, su padre descubran lo que está pasando. Eso sí ha desenterrado de su armario la ropa que hacía diez años que no se ponía y es que desea verse más joven para Juanma.
--¿ya te vas mamá? --Mateo.
--si, ¡sí¡¡ --dice Gisela muy ansiosa.
--¿Has pasado a ver a Leandro?
--sí claro.
--es que me pareció que tiene fiebre.
Aunque está deseando ver a su amado, sus hijos son los primeros:
--¡¡no puede ser, si estaba perfectamente¡¡
Mateo mueve los hombros como diciendo que esas cosas pasan. Gisela besa a su pequeño en la fiebre:
--no parece que tengas fiebre... ¿¿qué te duele?
Leandro mira a Mateo que le hace gestos.
--no sé... la barriga... la cabeza
Gisela le pone el termómetro a su hijo:
--me aseguraré que no tengas fiebre.
--si te parece yo voy a comprar --Mateo.
--si, eso será lo mejor, iré a hacerte una lista... --Gisela.
Gisela tiene una sombra de tristeza en la mirada, es una mezcla de pena porque no podrá ver a Juanma y preocupación por el malestar de su hijo. Mateo mira con pena a su madre. Se siente culpable de su dolor:
--es lo mejor --dice el mayor de los hijos de Gisela para sí-- mamá... ese muchacho acabará haciéndote daño.
Cuando los dos hermanos están solos, Mateo toma el termómetro de su hermano y lo pone cerca de la lámpara para qué suba la temperatura. Leandro se incorpora en la cama:
--¿y no me vas a explicar porque engañamos a mamá?
--¿no quieres que mañana te lleve al fútbol?
Leandro hace que sí con la cabeza. Mateo le vuelve a poner el termómetro a su hermano en la boca:
--pues te callas y haces lo que yo te diga.
Gisela regresa con la lista de la compra:
--toma... leela a ver si todo está claro.
Mientras Mateo hace que lee la lista, Gisela comprueba la temperatura. Se asusta al ver que es muy alta:
--¡¡Dios mio... esto puede ser muy grave¡¡Mateo, deja la compra... nos vamos a urgencias¡¡
Leandro mira a su hermano asustado:
--¡¡no, no¡¡no quiero¡¡seguro que me van a pinchar¡¡
Gisela acaricia amorosamente a su hijo:
--mi amor, tenemos que hacerlo... ¿y si te pones peor?
Mateo guiña el ojo a su hermano y trata de calmar a su madre:
--no hay que ser alarmista, ¡¡no es nada¡¡
Gisela no se deja convencer:
--¡yo voy a buscar la libreta del médico, Mateo, ayuda a tu hermano a vestirse¡¡
Gisela deja solos a los dos hermanos:
--¿y ahora qué hacemos Mateo?¿y si me operan?
Leandro está muy asustado, Mateo le acaricia la cabeza muy amorosamente:
--siento haberte metido en esto.
--¿y si le decimos la verdad a mamá?
--¡¡estás loco¡¡¿¿y qué le vamos a decir?
--pero es que yo no quiero que me hagan daño.
Mateo se pone en cuclillas y acaricia a su hermano:
--yo estaré a tu lado, no pasará nada.
En urgencias, el médico encuentra perfectamente al pequeño. Algo que Gisela no entiende nada.
--así son los niños mamá, yo te dije que no hacía falta,seguro que fue algo que comió, pero ya está bien, sólo hace falta que hoy estemos los dos por él --Mateo.
Gisela y sus hijos regresan a la casa. Raúl y Germán los esperan preocupados.
--¿¿qué pasó??¿porque no me avisaron? --German.
Raúl acaricia la cabeza de su hermano:
--¿qué tal estás campeón?
--ya me encuentro muy bien... el doctor fue muy bueno.--Leandro.
Germán mira a su hija con frialdad:
--no has comprado nada en el mercado.
--¡¡papá¡¡ ¿¿a qué horas?
Germán mira la hora:
--aún habrá algo, nosotros cuidamos al niño.
A Gisela la cara se le ilumina. Mateo trata de retener a su madre:
--yo creo que mejor voy yo, tú quedate con Leandro.
Germán no quiere:
--¡¡tu madre es la única que sabe comprar y se ve que el niño está bien¡¡Anda ve¡
Germán exige a su hija que se vaya y Mateo se muere de la rabia pero no sabe qué hacer para impedirlo. Gisela no puede creer que por primera vez y aunque su padre no lo sepa éste la ayude en sus planes. Mateo piensa en lo que haría su abuelo si supiera que lanza a su hijo a brazos de un jovencito.
Gisela llega al mercado sofocada. Ya creía que esa semana no lo veía y se siente feliz cuando lo encuentra cara a cara a Juanma. Lo saluda.
--buenas --le dice él.
Ella empieza a poner melocotones en una bolsa:
--hoy vienes más tarde ya casi no hay de nada, ya estamos recogiendo.
Gisela mira en el puesto, no sabe qué comprar:
–¿melones no gastas? 2 por 3 euros...
Ella no hace que no con la cabeza.
--¿Sandías tampoco?
--bueno... dame dos melones y una sandía.
Ella va llenando el carro.
--Mira estas bolsas. --dice él enseñando unas bolsas que tienen ya con frutas y verduras que han sobrado-- las hacemos a un euro pero si te llevas dos te las dejo por un euro y medio. Coge las que quieras.
Ella ni las mira, lo que quiere es gastar para que él quede contento y las toma casi todas. Él sale del puesto y la ayuda a meter las bolsas en el carro. Ella tiembla al sentirlo tan cerca. Los labios de él la llaman. El guapo adolescente lleva pantalones cortes y se le remarca perfectamente su instrumento sexual... Lo ve como si estuviera desnudo y es algo que la pone a 100. Tiene que controlarse para no suplicarle que le haga el amor. Ella misma se sorprende al sentir tanto deseo.
--hasta luego --le dice él cariñoso.
Ella necesita una ducha fría urgente y va a casa de su amiga. No deja de pensar en el aparato sexual de él:
--¡¡es como si lo estuviera viendo desnudo¡¡no sé que me ha pasado...¡¡me tiene loca¡¡
Daniela recuerda las palabras de Mateo pidiéndole que lo ayuda a separarlos y aunque con culpa dice:
--Gisela esto es una locura... podría ser perfectamente tu hijo. Es menor que dos de ellos.
--¡¡hacía 10 años que no me sentía tan mujer, tan viva¡¡¿¿es que no me puedes entender?
--claro que te entiendo, más de lo que crees pero... ¿que estabilidad te puede dar un chico de 17 años? Si él te quisiera solo sería para la cama...
--¿y quién te ha dicho que yo quiero algo más? --dice Gisela excitada.
--¡amiga¡¡tú nunca habías sido así¡¡
--¡¡yo sólo sé que me sentía muerta y que Juanma me ha resucitado... ¡¡si tengo la oportunidad de acostarme con él¡¡lo haré¡¡
--¿¿y luego?
--luego nada, yo sé que con dos hijos mayores no puede tener nada con él... ¡¡pero estoy viviendo un sueño y quiero vivirlo con todo...
--¿y qué pasa con Manolo?
Gisela la mira seria y dice segura:
--Manolo murió dentro de mi... ahora solo me importa Juanma.

















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